La Carne de Dios
Chamorro Mejía, Mónicayborrero Aragón, Guillermo
Entre la acción y el velo que esconde el cuerpo replegado se genera la chispa de la contradicción y la sustancia que anima la escritura, por pura necesidad de tamizar la difícil dialéctica. Las fuerzas en disputa son entonces dos de los arquetipos de Jung: el ánima y el animus. La primera, la potencia que se contiene a sí misma por el solo hecho de la existencia de su suelo, de...
Sinopsis
Entre la acción y el velo que esconde el cuerpo replegado se genera la chispa de la contradicción y la sustancia que anima la escritura, por pura necesidad de tamizar la difícil dialéctica. Las fuerzas en disputa son entonces dos de los arquetipos de Jung: el ánima y el animus. La primera, la potencia que se contiene a sí misma por el solo hecho de la existencia de su suelo, del agua y de la tierra, primordial en donde se esconde el germen y la semilla; el alma receptiva que se relaciona con las antiguas nociones védicas de lo femenino. La segunda, la pulsión de lo que se desplaza hacia afuera, a la conquista de los otros y de lo otro, aquello que no puede estabilizarse si no experimenta primero el placer de la recompensa; es lo que se va, lo que abandona, todo movimiento que se genera por la fuerza de atracción, y que bajo el lente junguiano representa lo masculino. Es dentro de esta pugna de fuerzas anímicas que se tejen los poemas de La carne de Dios.
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